
Suena la música el himno de la esperanza
En honor de aquel que me hizo apreciarla
Pocas cosas en la vida valieron tanto
En honor de aquel que me hizo apreciarla
Pocas cosas en la vida valieron tanto
Personas menos todavía...
Esos que en su día intentaron abatirnos
Y que hoy de la desgracia se regocijan
No saben cuán lejos quedó su gloria
Al irte dejaste la puerta abierta
Pero siempre habrá guardián
Custodia eterna por siempre jamás
Allá donde estés te digo que aquella
No será ni mucho menos la última vez
Acuérdate de los días de gloria
Que por cada uno de ellos
Cien de penumbra vendrán
Mas poco puede importar
Pues por todos los que vengan
Mil pasé en la oscuridad
No temo sino a la luz
Por no saber contemplar
Mis ojos se ciernen tristes
Pero el valor puede más
Puedo encajar cualquier golpe
Pero este hirió sin piedad
Ya que el daño que impuso
No se puede reparar
Me mantendré con firmeza
Con destreza y aplomo
Porque fuí bien enseñado
Porque de todo aprendí
De las fuertes tempestades
De las horas infernales
Del sustento que no llega
Del amor y de la pena
De la vida que me queda
Aguarda paciente el fín
Fin que arribó en su galera
Y tuvistes que partir
Semper constans et fidelis
Semper fidelis esto
Semper et ubique fidelis
Semper Fi
¡¡SIC SEMPER!!
No me hables con dulzura de la muerte, glorioso Odiseo. Preferiría servir como mercenario a otro antes que ser el señor de los muertos que han perecido.
Alma de Aquiles a Odiseo
Alma de Aquiles a Odiseo

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